Historias Cruzadas. Cuarto Capítulo: "Entrelazados". (Tercera parte).

 "Querida Rosé, ha pasado algun tiempo desde que no he sabido nada de ti. Quisiera contarte muchas cosas, vendí la tienda y estoy apunto de emprender un viaje, con mi alma gemela supongo, aún estamos descubriendolo. Quiero pasar mis últimos meses de vida contemplando amaneceres, percibiendo el olor de las flores, aprendiendo a manejar lo que siento. Te envío desde lo más profundo de mi corazón todo mi afecto, si llegara algún momento a vivir otra vida, igual te volvería a escoger como amiga. Si llegara a ser mi última carta, no olvides nunca tu esencia y no dejes de vivir. Hazlo por mi, hasta siempre. Con amor, Mía".

-Plasmar aquellas letras en ese trozo de papel le rompió el corazón a la muchacha, pues sabía que no volvería a ver a Rosé-.
Sasha y Mía emprendieron su viaje, con la expectativa de pertenecer al mundo, pero que el mundo fuera de ellos, fue amor a primera vista, Mía le causaba mucha confianza la presencia de Sasha, le calmaba un poco el corazón y por supuesto quería aprovechar cada momento con el.
Mía: Te amo Sasha...
Sasha: -Perplejo por aquella confesión-. ¿De donde viene esto? ¿Tan repentinamente?.
Mía: -Sin vacilar toma de la mano a su amado para darle unas palabras-. Ambos sabemos que no queda mucho tiempo, necesito aceptar y asimilar este sentimiento antes de que sea tarde. Necesito vivirlo, transmitirtelo hasta el último día. Por eso, te amo Sasha.
Sasha: -Dandole una sonrisa a la joven-. Prometo hacerte feliz hasta el último momento, prometo no arrepentirme ni hacer las cosas a medias y se que en la otra vida volveré a encontrarte. 
Mía: Me siento un poco culpable porque no se como vivirás después de esto.
Sasha: Eso déjamelo a mi, ya he tomado la decisión de vivir así. 
-Habían transcurrido aproximadamente dos meses desde que decidieron comenzar su viaje, ambos sabían que no quedaba mucho tiempo, así que debían disfrutar cuanto más fuera posible. Se sentían tan perfectos el uno con el otro, parecía que nada malo podría pasar, a Mía se le olvidaba su enfermedad solo con mirar a Sasha, mientras el agradecía cada momento que transcurría con ella. Repentinamente comenzó a llover fuertemente, Sasha y Mía consiguieron una cabaña donde refugiarse mientras pasaba la tormenta.
Sasha: Creo que aquí estaremos bien, milagrisamente hay leña seca, no nos faltara calor. ¿Estas bien Mía?.
Mía: Si...
Sasha: ¿No te sientes con frío?.
Mía: No...
Sasha: Déjame ver que puedo darte de comer.
Mía: -Espera. Mucitó la muchacha tomando del brazo a Sasha-.
Sasha: ¿Que pasa? ¿Seguro estás bien?.
-Aquellos ojos Esmeralda de la joven comenzaron a brillar mientras lo miraba, su mano temblorosa no se separaba del brazo del joven-.
Mía: Sasha. Yo...
Sasha: Mía. ¿Que pasa? Me tienes angustiado, si te sientes mal, dímelo por favor. 
-Sin aguantarlo más, la joven en un impulso desenfrenado se lanzó al regazo de Sasha, con amor, con mucho amor comenzó a besar al joven, como si se tratase del fin del mundo. Haciendo una pequeña pausa, sin apartar su vista de la de el, con algo de nervios, pero a su vez decidida-.
Mía: Mi angustia eres tu, y sin embargo eres mi calma, no se que hacer Sasha, pero quiero pertenecer a ti, no hay otro lugar al cual quiera ir, aún si me muero, serás el último lugar al cual ir, eres mi hogar y yo.. yo te amo, por favor.
-Aquel gesto repentino de Mía hacia el, era lo que necesitaba Sasha para comprender que ella significaba las respuestas a todas sus preguntas. Al verla así tan diminuta ante sus sentimientos, llevó su mano derecha hacia la de allá, para acercarlas a sus labios y sellar el momento con un beso-.
Sasha: Mía, esto que has dicho, la manera en como me has dado parte de ti con ese beso, es algo que mi ser ha esperado desde hace tiempo atrás.  No se si tenga la fuerza necesaria para contenerme, no esta vez.
Mía: Y yo no te lo estoy pidiendo, quiero que seas tu quien cumpla mi último anhelo, no quiero vivir arrepentida, no durante estos últimos días sabiendo que no pude hacerlo.
 -Sasha y Mía sabían en ese preciso instante que ya no había apertura para la vacilación. Solo eran ellos dos, no existía más nada además de aquel amor que estuvieron esperando. Ella no dejaba de mirarlo y aquella mano helada y delicada tomó la suya para dirigirla a su pecho y con algunas lágrimas de dicha en su rostro lo miró diciendo: "Este corazón enfermo, ha vuelto a la vida gracias a ti. ¿Lo escuchas latir? Ambos te pertenecemos Sasha". El joven al oír tan hermosas palabras no contuvo sus lágrimas, que con un poco de dificultad lo único que repetía sin parar era: "Te amo Mía". La noche se hacía más helada y un abrazo por la espalda sorprendió a Sasha, pero le dió el valor necesario para girar hacia su amada y comenzar a besarla tiernamente al principio, luego aquella pasión se apoderó de su ser, y sus caricias se hicieron más notorias, jugando con sus dedos entre su cabello y luego pasar por su rostro. Mía tampoco aguantaba más y tomó la mano de su amado hasta su pecho para que este lo estrujara, ni le importaba ceder a sus instintos mientras fuera con el. Sasha correspondió el gesto y la apretaba mientras bajaba su boca hasta ese mini paraíso que eran sus pechos, un pequeño gemido sutil y genuino salió de la boca de Mía. "Sasha, no te apiade de mi, no me tengas compasión". Todo aquello hizo que Sasha llorara de amor total, felicidad, plenitud y la abrazó tan fuerte, como para que su esencia no lo abandonara nunca. La cargó mirándola con una sonrisa, ambos sabían que irían al paraíso en ese momento. Aquella cabaña tenía una habitación y allí se dejaron ir, ya no estaban ahí. Aquellos besos desenfrenados llevaron una acción a la otra, ella solo buscaba una cosa y el era el único que podía dárselo, ese cuerpo desnudo e inmaculado, era el camino a la gloria para el, sus manos tocaban cada perfecto rincón, sin mesura, mientras se alimentaban mutuamente con aquellos besos llenos de ternura, sus almas y sus cuerpos se encargaron de sellar aquel pacto de amor. Sin pudor aquellos gemidos de placer de Mía, le confirmaban a Sasha que el no iba a pertenecer a otros labios, a otra vida que no sea la de ella, aún cuando ya no estuviera. Beso tras beso, caricias tras caricia, amor tras amor, fue consumado aquel acto tan necesario, ella se encimó  sobre el, mientras con sus caderas vírgenes comenzó a moverse para el, tan apasionadamente que le dió a entender que el era suyo y ella era completamente de el. Aquellos cuerpos sudados, expulsando por los poros tanto sexo, erotismo, amor y pasión cayeron rendidos, felices, plenos y juntos, solo ellos dos. En compañía de la lluvia inclemente que fue testigo de acto tan puro-.
Sasha: Hoy he sido completamente feliz. 
Mía: Gracias por devolverme a la vida.
Sasha: No, gracias a ti por llegar.
Mía: Te amo Sasha, hoy y siempre voy a llevarte en la eternidad, este día jamás lo voy a olvidar. 
Sasha: Si existiera la siguiente vida, ten por seguro que te buscaré y te encontraré. 
Mía: Yo te esperare mi amado y seré igual de feliz que este día. 
-Mía no volvió a despertar-.

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